martes, 2 de mayo de 2017

El asesino del Zodiaco





En 1968 apareció en escena uno de los asesinos en serie que marcarían la historia durante mucho tiempo. No sólo por sus hechos, sino por la forma en la que se burló de las autoridades por ser incapaces de atraparlo. Mandó cartas, algunas encriptadas, y ordenó publicaciones en medios de comunicación con instrucciones e indicaciones a las autoridades. A día de hoy se desconoce su auténtica identidad.


Los análisis del ADN encontrado en las cartas solo han servido para descartar a los sospechosos de aquellos asesinatos; se barajaron 2500 sospechosos en un periodo de años.

Los medios de comunicación jugaron un importante papel, y la gente llegó a emitir mensajes haciéndose pasar por él, e incluso inventaron ser víctimas del personaje para ganar, quizá, unos minutos de efímera fama. En algunas ciudades se llegó a implantar el toque de queda, para que todos los ciudadanos permanecieran en sus casas a partir de las 10 PM…

Pero para conocer mejor esta sorprendente historia debemos empezar por donde es debido…

Viernes, 20 de diciembre de 1968. Hacia las 11 PM. Condado de Vallejo.

David Arthur Faraday y Betty Lou Jensen circulan por la carretera del lago Herman, para estacionar en una zona que muchas parejas jóvenes como ellos conocen casi a la perfección por ser un lugar alejado y solitario en el que poder buscar intimidad. Tienen 17 y 16 años respectivamente. Y desafortunadamente, esa misma noche, el tiempo se congelaría eternamente para ellos.

Todo lo que allí aconteció en esos momentos es a día de hoy tan oscuro como aquella fría noche de diciembre. Ninguna pista, ningún testigo, ningún indicio… Como si la negrura invernal se los hubiera tragado a todos.

Tan solo los cadáveres de aquellos dos jóvenes que habían acudido al lugar para pasar una velada nocturna. David Arthur Faraday presentaba un disparo del calibre 22 en la cabeza, mientras que Betty Lou Jensen presentaba cinco disparos del mismo calibre en su espalda.

La policía dedujo, no con dificultad, que mientras el extraño desconocido disparaba contra la primera víctima, Betty Lou intentó escapar; razón por la que esta última presentaba los disparos en la espalda y, además, con tal ensañamiento.

Así, la policía apenas tenía indicios para iniciar una investigación; los familiares aseguraron que nadie tendría razones para hacer aquello, y lo único que pudo sacarse en claro aquella noche es que el que perpetuó aquellos asesinatos sabía manejar bien el armamento.

Y cuando las suposiciones apuntaban hacia el crimen pasional, alguien volvió a disparar en la madrugada…

Viernes, 4 de julio de 1969. Hacia la medianoche. Condado de Vallejo.

Michael Renault Mageau, agente de policía de 19 años, y Darlene Elizabeth Ferrin, de 22 años, circulan a escasos kilómetros de la zona donde aconteció el crimen anterior. Estacionan en el aparcamiento del campo de golf Blue Rock Springs. Allí, un desconocido aparca junto a su coche. Minutos después, ante el desconcierto de Michael y Darlene, el extraño conductor se marchó para volver, de nuevo, minutos después y estacionar, esta vez, detrás de ellos. Este dato sería bastante significativo, ya que es una costumbre muy policial la de dejar su coche tras el vehículo de algún delincuente para evitar que este pueda huir con facilidad.

Acto seguido, el desconocido abre fuego contra los dos ocupantes del vehículo con un arma que llevaba una linterna pegada con cinta aislante.

Aproximadamente a las 12.40 pm., el departamento policial de Vallejo recibe la llamada de un hombre que asegura haber asesinado a una pareja en aquel lugar; ofrece, además, ciertos datos que le atestiguan y, además, se confiesa autor de los asesinatos del 20 de diciembre.

Por asombroso que parezca, las dos víctimas sobrevivieron en el momento a los impactos de bala, aunque Darlene murió mientras era trasladada al hospital. Sin embargo, el testimonio de Michael Renault Mageau fue crucial para la elaboración de un retrato robot.

Mucho se especuló a partir de ahí sobre si Darlene reconoció al asesino cuando vio su rostro; se habló de un oscuro pasado en el que Darlene había mantenido varias aventuras con hombres de diversa índole, o incluso había tenido algún contacto con organizaciones sectarias. Estos datos fueron tenidos en cuenta durante las investigaciones, pero finalmente no llegaron a ningún puerto…

En aquellos días la gente estaba impactada por aquellos sucesos acontecidos en Vallejo; cuatro asesinatos a sangre fría de víctimas inocentes e inconexas en solo unos meses, y sobre todo, el asesino estaba suelto. Peor aún, ni siquiera estaba identificado, ni un indicio… El asesino, por tanto, podía ser cualquiera. Un vecino tal vez. La mayoría descartaba la llegada de un forastero, pues los asesinatos habían ocurrido en lugares muy puntuales; el que utilizó un arma en aquellos sitios con ausencia de testigos parecía saber lo que hacía.

Pero pronto aquel despiadado personaje empezó a jugar con el poder de los medios de comunicación… El 31 de julio de 1969 en las redacciones de tres periódicos (Vallejo Times Herald, San Francisco Chronicle y San Francisco Examiner) se recibe una carta de alguien que asegura ser el asesino de Vallejo; así, cada redacción recibe un tercio distinto de un extraño criptograma. Un mensaje cifrado de tal forma que sería necesario unir los 3 trozos para poder conocer su contenido. El asesino aseguraba que en aquel extraño código se encontraba su verdadero nombre.

Tras un intenso debate moral sobre si mostrar o no el contenido de aquellas misivas, la prensa acabó publicando los mensajes. Estos llegan a diversos puntos, pero nadie parece capaz de descifrar su contenido, ni siquiera los técnicos de Inteligencia Naval lo consiguieron.

Ante esta desconcertante situación, la jefatura de policía de Vallejo pide al asesino que, para evitar un arduo trabajo ante la posible obra de un bromista, se identifique u ofrezca algún dato que pueda corroborar que es él y no otro quien cometió aquellos asesinatos y, por supuesto, quien envió aquellas cartas.

Así, el 4 de agosto llega una misiva a la redacción del diario San Francisco Examiner, en la que, bajo el saludo de “Querido editor, Zodiac al habla:” se ofrecen ciertos datos sobre los asesinatos que nunca antes habían trascendido a los medios de comunicación, por lo que la policía asume que realmente están tratando con el verdadero personaje que ha aniquilado, de momento, a 3 personas en Vallejo.

Y todo parece apuntar a que la trascendencia en los medios de comunicación está volviéndolo cada vez más carismático, lo cual es peligroso cuando aún no se conoce nada sobre su posible identidad.

De esta forma, sin remediarlo, la prensa ha entrado a formar parte de este juego del ratón y el gato, y los crímenes adquieren un tinte mediático como nunca antes se había visto desde los asesinatos en el Whitechapel londinense en 1888, con la macabra carrera asesina de Jack el Destripador.

A la redacción de los periódicos llegaron varias pistas, enviadas por el supuesto asesino, sobre el modo de descifrar el código… Todas las cartas enviadas empezaron a ser firmadas por el pseudónimo “ZODIAC”, unido al dibujo de algo semejante a la mira de un arma de fuego:

Por increíble que parezca tras burlar al conocimiento de los técnicos de la Inteligencia Naval, fueron dos lectores que habían seguido el tema con interés, Donald y Bettye Harden de Salinas (California), los que consiguieron descifrar el criptograma. El mensaje, que finalmente no contenía el verdadero nombre del asesino, y contenía alguna falta de ortografía, decía (traducción):

"ME GUSTA MATAR GENTE PORQUE ES MUCHO MÁS DIVERTIDO QUE MATAR ANIMALES SALVAJES EN EL BOSQUE, PORQUE EL HOMBRE ES EL ANIMAL MÁS PELIGROSO DE TODOS. MATAR ALGO ES LA EXPERIENCIA MAS EXCITANTE, ES AUN MEJOR QUE ACOSTARSE CON UNA CHICA, Y LA MEJOR PARTE ES QUE CUANDO ME MUERA VOY A RENACER EN EL PARAÍSO Y TODOS LOS QUE HE MATADO SERÁN MIS ESCLAVOS. NO DARÉ MI NOMBRE PORQUE VOSOTROS TRATARÉIS DE RETRASAR O DETENER MI RECOLECCIÓN DE ESCLAVOS PARA MI VIDA EN EL MÁS ALLÁ EBEORIETEMETHHPITI".

Los últimos 18 caracteres continúan a día de hoy sin descifrar. Sin embargo, muchas han sido las conspiraciones sobre si esas letras aparentemente inconexas pudiesen contener el verdadero nombre de aquel a quien ya todos habían empezado a llamar “el asesino del zodiaco”… Así, el programa televisivo Unsolved Mysteries (Misterios sin resolver) aseguró esta teoría, afirmando que el verdadero nombre del asesino era Theodore Kaczynski, un matemático norteamericano también conocido con el sobrenombre “Unabomber” que llevó a cabo una campaña de terrorismo mediante bombas para denunciar a la sociedad moderna. Esta teoría sigue siendo mantenida por muchos aún en día, pero no ha sido ni mucho menos probada. Y una teoría no es suficiente para imputar a alguien en unos crímenes en serie.

Los asesinatos continuaron el 27 de septiembre de 1969 en el que se convirtió en uno de los asesinatos más impactantes.

Bryan Calvin Hartnell y Cecilia Ann Sephard, de 20 y 22 años respectivamente, habían ido a pasar el día al lago Berryesa, concretamente a una zona que actualmente es conocida como “Isla del zodiaco”.

De pronto se les acerca un hombre portando una capucha de verdugo y unas gafas de sol… Lleva, además, una pistola, y en la otra mano unas cuerdas de tender la ropa… Le pide a Cecilia Ann Sephard que con ellas ate a Bryan Calvin, que solo tiene intención de robarles su coche para poder huir. Una vez que ella lo ha hecho, el extraño personaje decide asegurarse, por lo que revisa los nudos y al descubrir que estaban flojos, los aprieta… Es entonces cuando, sin pensarlo siquiera dos veces, apuñala a la pareja.

Cecilia Ann Sephard recibe 10 puñaladas en la espalda. Bryan Calvin Hartnell, 6 puñaladas, y se convierte en uno de los supervivientes del “asesino del zodiaco”. Posteriormente, ofrecería datos importantes para la investigación: “Era un hombre de constitución fuerte y unos 180 cm de estatura, se presentó con capucha y una especie de manto negro sobre el pecho que contenía el símbolo de la mira, dijo haber escapado de una prisión de Colorado y que necesitaba el coche para irse a México".

Se observan entonces cambios en su modus operandi: ya no ataca solo de noche, pues cometió aquel asesinato a plena luz del día… Además había cambiado su pistola por un arma blanca.

Tras apuñalar a la pareja, el asesino se acercó al coche de Bryan Calvin, situado a unos 500 metros, y grabó en la puerta el dibujo que se había convertido en su firma: la mira de un arma, y al lado, las fechas en que había cometido aquellos asesinatos, e incluso la hora de este último: Vallejo 12-20-68, 7-4-69, Sept27-69-6:30 by knife. (con un cuchillo)

Días después, el 11 de octubre de 1969, en torno a las 9.55 pm., Paul Lee Stine, un taxista de 29 años, recibe un disparo de 9 mm. en su cabeza, en la calle Cherry de San Francisco. El asesino le quita la camisa, las llaves del coche y la cartera. Es visto por tres adolescentes situados al otro lado de la calle, que observan cómo aquel hombre limpia el taxi.

Minutos después, tras el aviso de los jóvenes, la policía se presencia en el lugar, y lo más impactante es que dos miembros se cruzaron con él en medio de la calle… Era un hombre blanco, sus rasgos no muy visibles en aquella oscura noche… Los policías lo paran, le preguntan qué ha ocurrido, y tras dos minutos de charla, el asesino del zodiaco les responde: “Un hombre ha disparado a un taxista, yo lo vi corriendo por la otra calle, hacia arriba”… Ante esto, los policías cometen el error de sus vidas: abandonan a aquel hombre para correr hacia el otro lado, sin tan siquiera fijarse bien los rasgos de aquella extraña figura nocturna… Posteriormente, Zodiac aseguraría en una misiva que aquella noche habló con uno de los policías, declaraciones ante las que la policía tuvo que emitir un comunicado explicando lo que había sucedido; previamente se había descrito al asesino de raza negra, y posteriormente se rectificó en las declaraciones aludiendo a la oscuridad nocturna como consecuencia de aquella confusión.

Es el 14 de octubre de 1969 cuando en la redacción del diario San Francisco Chronicle se recibe una carta desalentadora y amenazante procedente del asesino del zodiaco. En ella asegura que llevaría a cabo un tiroteo en la puerta de una escuela de niños. Y, para demostrar su autenticidad, adjuntaba un trozo de la camisa de Paul Lee Stine, taxista al que había quitado la vida tan solo unos días antes. Afortunadamente, nunca cumplió su palabra.

Pero aquello empezaba a mosquear el cuerpo de policía de Vallejo, cuya labor estaba empezando a ser puesta en evidencia en los medios de comunicación. Además, ante tal fenómeno mediático, comenzaban a surgir inofensivos imitadores que se hacían pasar por Zodiac; ocurrió, por ejemplo, el 20 de octubre de 1969, cuando empezó a correr el rumor de que el asesino del zodiaco llamaría en el Show televisivo matinal de Jim Dunbar. Comenzó el programa, y se pidió públicamente que no se ocuparan las líneas del programa… Entonces, se recibió la esperada llamada; el asesino decía llamarse Sam, y quería quedar con Melvin Belli, un reputado abogado que había acudido al programa a la espera de dicha llamada; eligieron hora y lugar, pero Zodiac nunca se presentó… Posteriormente se rastreó el lugar desde el cual se habían hecho varias llamadas aquella misma mañana, y todo condujo al Hospital Estatal de Napa; las llamadas habían sido realizadas por un enfermo mental.

Sin embargo, Belli recibiría días después una carta de Zodiac en la que le pedía que le ayudara, y le adjuntaba un trozo de la camisa de Paul Lee Stine, el taxista al que había asesinado.

Continuaron las misivas a los medios; destaca un nuevo criptograma de 340 caracteres enviado a el 8 de noviembre de 1969 y que, a día de hoy, sigue sin descifrar.

El 22 de marzo de 1970, Kathleen Jones, de 22 años, circula de noche por la carretera 132 al oeste de Modesto (California)… Un conductor le da luces; ella se para… El conductor le dice que una de las llantas traseras de su coche estaban flojas, y le ha dado luces para que no tuviera un accidente…

Agradecida aunque extrañada por no haber notado nada, ella sube en su coche tras dejar que aquel extraño arreglara su coche, y sigue su ruta… Unos minutos después, la llanta trasera de su coche, tras hacer extraños ruidos, se sale bruscamente golpeando con fuerza la carretera. El coche, que circulaba aún tras ella, la adelanta y se para… Se ofrece para ayudarla, y ella sube en su coche junto a su bebé, al que lleva en brazos. A él no parece importarle esa pequeña compañía: “cuantos más, mejor”, dice…

Kathleen comienza a ponerse nerviosa cuando, tras pasar una gasolinera y varias estaciones de servicio, y pedirle que pare allí, aquel hombre no dice nada, se limita a seguir conduciendo a toda velocidad. Ante esto, cuando el conductor aminora en una intersección, Kathleen salta del coche con su hijo en brazos y se oculta entre los matorrales del bosque colindante. El conductor sombrío bajó del coche y empezó a buscarlas, pero ante la llegada de un camionero, volvió a subir a su coche para huir del lugar…

Posteriormente, Kathleen denunciaría este hecho a la policía, asegurando que aquel hombre era idéntico al retrato robot que se había realizado de Zodiac; aseguró que había sido secuestrada por aquel mediático asesino durante 3 horas en su coche, en un viaje que parecía no acabar nunca. Sin embargo, varias inconcluencias en el relato de esta supuesta víctima pusieron en duda su autenticidad; algunos pensaron que se trataba de un modo de formar parte de aquel juego mediático que se había organizado en torno al asesino de la Bahía de California.

Aquel extraño personaje estaba sembrando el pánico en todo Vallejo y sus hazañas empezaban a ser conocidas más allá de las fronteras de California. Sus misivas a la prensa y a las autoridades continuaron; enviaba postales, mensajes cifrados y amenazas… 

La prensa intentó darle la espalda, pero aquel hombre envió pronto una carta asegurando que si la prensa no publicaba sus escritos, pondría una bomba en un autobús escolar… Aquello, afortunadamente, nunca llegó a cumplirse.

Su letra era desequilibrada e inconexa, y pronto fue estudiada por todo tipo de profesionales…

Una de las misivas enviadas a la prensa

Se llegó a la conclusión de que para la escritura de dichas cartas había utilizado métodos que distorsionaran su propia letra, de forma que fuera imposible de identificar. Se dedujo que para escribir todos aquellos mensajes, aquel hombre debía dedicar horas, por lo que se trataba de un asesino metódico y paciente. Además, incluso, algunos bautizaron sus criptogramas como brillantes…

Como curiosidad, todas sus cartas llegaban siempre selladas con el doble de la cantidad necesaria para hacerlas llegar…


Después de tres años de aparente silencio, en enero de 1974, Zodiac volvió a escribir al diario San Francisco Chronicle para calificar la película El exorcista como “la mejor comedia satírica que había visto”… Firmó como: “Me [yo]= 37, SFPD= 0”

Tras aquello, otras cartas fueron llegando al diario simplemente para quejarse de alguna película o columnista, en un tono satírico y una letra que recordaba bastante a aquel extraño personaje, pero nunca vueltas a firmar con aquel extraño signo y aquel nombre que tanto se había mitificado... Zodiac.

El principal sospechoso de los sucesos fue Arthur Leigh Allen, investigado seriamente por la policía. Todo comenzó cuando en julio de 1971 un amigo de Allen alertó a las autoridades sobre las sospechas que tenía de este…

Una de las teorías más impresionantes, tienen que ver con el nombre y el signo que eligió el asesino para identificarse… ¿Por qué Zodiac, y por qué esa marca que representaba, aparentemente, la mira de un arma? Pronto un dato importante estaba a punto de salir a la luz… Arthur Leigh Allen portaba un reloj de la marca Zodiac. Y, ¿adivinan el logotipo de dicha marca de relojes suizos?

Así, la policía empezaba a tener evidencias en contra de este hombre por los interrogatorios, y se encontraron, además, explosivos en su domicilio, además de varias actuaciones sospechosas que no hicieron más que incriminarlo aún más, aunque nunca tuvieron evidencias físicas que atestiguaran que se trataba del autor de los asesinatos de Vallejo. Además, Allen siempre negaba aquellas acusaciones vertidas sobre él, llegando a declarar: “Yo no soy Zodiac, pero si lo fuera, tampoco te lo diría”…

Y aunque muchos apuntaban hacia él como el verdadero asesino del zodiaco –muchos aún lo sostienen- por impresionantes similitudes, las recientes pruebas de ADN realizadas a las huellas obtenidas de las cartas enviadas hicieron caer todas esas teorías.

Así, las pruebas de ADN han arrojado tan solo un perfil genético parcial que ha servido, al menos, para excluir a varios sospechosos, entre los que se encontraba Bruce Davis, miembro de la familia Manson.

En abril de 2004 la policía archivó el caso, pero debido a una gran presión por parte de varios sectores, se decidió reabrir el caso en marzo de 2007. 

En la actualidad, siguen aceptándose teorías sobre la autoría del asesino de Vallejo, a quien se le atribuyeron siete víctimas canónicas, de las cuales dos sobrevivieron. Sin embargo, Zodiac, en sus cartas, aseguró haber asesinado a treinta y siete personas, y existen otra cuantía de víctimas, cuyas evidencias no son concluyentes, pero que podrían atribuirse también a este personaje.

Alguien dijo un día que no existen los crímenes perfectos, sino las investigaciones imperfectas. Esta última opción no parecía muy descabellada allá por 1888, cuando actuó el también mediático Jack el Destripador; la investigación policial no estaba tan desarrollada como en la actualidad. Sin embargo, en la segunda mitad del S.XX, ¿pudo una investigación llegar a ser tan imperfecta? Obviamente, las comparaciones de los dos casos son inevitables, y ello nos conduce a otra pregunta también inevitable… ¿Cuántas cartas eran realmente de aquel asesino, y cuantas de gente normal y corriente que buscaba unos segundos de fama, como ya ocurriera con los falsificadores de cartas de Jack el Destripador?.

Y sobre todo, la gran pregunta todavía no respondida, formulada de esta forma tan novelesca por un escritor francés “¿Qué enigma empuja a un repartidor de periódicos, a un ex policía o a un clérigo a matar […]? El eslabón perdido que une al hombre con la bestia; un plomo que se funde, un cortocircuito…”

El caso continúa sin resolverse, pero hay muchos investigadores, tanto profesionales como estudiantes aficionados e interesados en el caso, que continúan con las investigaciones.

Recientemente, un hombre de Massachusetts dice que ha resuelto un enigma que no ha podido ser descifrado por las autoridades por más de 40 años: la escritura de un asesino notable. Conocido como el asesino del Zodiaco (de quien hasta se hizo una película, bastante mala por cierto), quien mató al menos a siete personas y terrorizó el área de la bahía de California en los años sesenta, y que mandaba notas crípticas sobre sus asesinatos a los periódicos locales de la época.

Ahora Corey Starliper, de Tewksbury, dice que ha desencriptado los mensajes. De 27 años, el señor Starliper admite que se ha metido de lleno, de forma extraordinaria, al caso del asesino del Zodiaco. Que encontró emocionante meterse en la cabeza del criminal cuando nadie pudo hacerlo por más de cuarenta años.

El primer mensaje, el cual se envió a tres periódicos en agosto de 1969 contiene 408 caracteres. Fue resuelto por un profesor de historia y su mujer en un par de días. De acuerdo a Starliper: “El primer código fue desencriptado por aficionados. Por lo cual las autoridades pensaron que los siguientes mensajes podrían ser decodificados también por aficionados“. Sin embargo, uno de los mensajes, en el que trabajó Starliper, es el más famoso porque no había podido ser decodificado. Tiene 340 caracteres y se envió por correo tradicional (hablamos de 1969) a el San Francisco Chronicle el 8 de noviembre de 1969.

Starliper se interesó en el criminal de Zodiaco gracias a la película del 2007, protagonizada por Jake Gyllenhaal, Marc Ruffalo y Robert Downey Jr. Está basada en los escritos de Robert Graysmith, quien tiene dos libros sobre este tema.

Corey Starliper dice que el mensaje decodificado dice: “KILL/SLF/DR/HELP/ME/KILL/MYSELF/GAS/CHAMBER/AEIOUR/DAYS/QUESTIONSABLE/EVERYY/WAKING/MOMENT/IM/ALIVE/MY/PRIDE/LOST/I/CANT/GO/ON/LIVING/IN/THIS/WAY/KILLING/PEOPLE/I/HAV/KILLD/SO/MANY/PEOPLE/CANT/HELP/MYSELF/IM/SO/ANGRY/I/COULD/DO/MY/THING/IM/ALONE/IN/THIS/WORLD/MY/WHOLE/LIFE/FUL/O/LIES/IM/UNABLE/TO/STOP/BY/THE/TIME/YOU/SOLVE/THIS/I/WILL/HAV/KILLD/ELEVEN/PEOPLE/PLEASE/HELP/ME/STOP/KILLING/PEOPLE/PLEASE/MY/NAME/IS/LEIGH/ALLEN/”

El sospechoso principal era Arthur Leigh Allen, quien era la única persona en conexión con la investigación del asesino del Zodiaco, pero nunca se le acusó de nada. Sin embargo, un experto en análisis de la letra manuscrita determinó que la escritura del asesino no era la misma que la de Allen, quien además, pasó la prueba del detector de mentiras. A pesar de esta evidencia, Robert Graysmith mantiene en sus escritos la teoría que Allen era el asesino y Starliper está de acuerdo. Para justificar su suposición, se dice que Leigh Allen forzó su escritura para que se viese diferente de la manera en la que normalmente escribía. Allen murió en 1992 a la edad de 58 años.

Curiosamente, después de completar su trabajo, Starliper trató de contactar las autoridades del área de la Bahía de San Francisco. Así contactó a los condados de Solano, Vallejo y Napa. Incluso tuvo contacto con las unidades especiales de investigación y en los archivos ya cerrados o “fríos” de San Francisco. A pesar de sus esfuerzos no tuvo respuesta.

Starliper dice estar frustrado porque “es lamentable saber que las autoridades han dado portazo a este asunto“.



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